Estaba al borde de la muerte y volvió a sonreír con Francella.

BARRIO.
Noticias.
Enzo intentó suicidarse y sufrió un daño cerebral grave. Sólo podía mover los ojos y apretar la mano. Pero un día sorprendió a todos: empezó a reír viendo la TV. Y así mostró sus ganas de recuperarse.
A su lado. Enzo sonrie mientras mira un programa en la notebook. Su mamá, Carmen, y su hermana, Camila, lo acompañan las 24 horas.

4/3/13

Si se tratara de una película, posiblemente la hubieran catalogado como un drama con destino de tragedia pero que, gracias al humor, a una sonrisa, cambió su rumbo y le abrió la puerta a otro final. La de Enzo Romano, sin embargo, no es una historia de ficción. El 17 de febrero de 2012, con apenas 16 años, este estudiante de clase media de Villa Devoto, scout, buen hijo y buen hermano, quiso suicidarse. Después de disparar tres tiros sin blanco dentro de su casa, acaso porque ni siquiera sabía cómo gatillar una de las armas que coleccionaba su padre, se apuntó a sí mismo. La bala, un proyectil del ejército israelí de bajo impacto, se alojó en su cabeza, pero no lo mató. Los médicos no sabían entonces siquiera si podría seguir viviendo. Hoy, aún en un estado grave y delicado, todos los días sonríe un poco. Para su médico y su psicóloga, es una buena señal de mejoría. Para su familia, la comprobación de que quiere recuperarse.

Es jueves a la tarde y en el Instituto Médico de Alta Complejidad, en el barrio de Once, hay poco movimiento y mucho silencio. En uno de los sectores del subsuelo, un pasillo angosto da entrada a una hilera de habitaciones chicas pero prolijas. En el primer cuarto, a la derecha, está internado Enzo. Cuando su hermana Camila (24) le avisa, con voz alta y pausada, que llegaron el periodista y la fotógrafa de Clarín, él hace un golpe de vista a cada uno. Entiende lo que le están explicando. Y como si supiera de qué se trata de la nota, sonríe de su lado izquierdo. “Vinieron por vos, vas a ser famoso”, lo mima al oído la mamá, Carmen, y le acaricia una mejilla. Desde aquella terrible mañana, ellas y su papá, Roberto, están 24 horas al lado de él.

“Al principio, los médicos nos decían que era muy difícil que viviera. No sabían si iba a salir del estado vegetativo”, cuenta Camila. Y va más para atrás: “Me acuerdo que ese día (el del intento de suicidio de su hermano) no me quería ir a trabajar, pero, como no tenía excusas, cerca de las 8 me fui. Enzo estaba ayudando a mi mamá en el puesto de diarios y después volvió para casa. A las 9 y pico me llamó mi tía, que vive arriba de mi casa, y me dijo ‘vení que pasó algo’. Aún hoy no sabemos por qué pasó. El no era depresivo, no era adicto. Sólo dejó una carta que decía que no quería seguir decepcionando”.

“Cuando empezó a dar señales de que entiende lo que pasa alrededor, ¿atinaste alguna vez a preguntarle por qué lo había hecho?, la consulta Clarín. “No. Pero una vez sí le pregunté si se quería recuperar y me apretó la mano en señal de que sí”, responde Camila.

Ese apriete de la mano o un cerrar de ojos fueron las primeras señales de una leve recuperación, a mediados del año pasado. Meses después, llegaría la muestra que más sorprende aún hoy a sus seres queridos. “Primero hubo alguna sonrisa, pero yo les expliqué que podía ser un reflejo. Hasta que a fines de diciembre, principios de enero, empezamos a notar una risa ‘contextual’, con programas que veía”, explica Miguel Rodríguez Valcárcel, médico de Enzo. Los “programas que veía”, notó primero su papá y luego el resto, eran de humor. Y especialmente de un actor: Guillermo Francella. Entonces, lo que en principio fue una casualidad pasó a ser casi una terapia de estímulos. Desde entonces, todos los días, aprovechando la programación de TV, algún DVD o la computadora, Enzo mira las repeticiones de Casados con Hijos y hasta Brigada Cola.

“Ni hace falta que Francella diga algo. Con los gestos, él ya se ríe. Y no es una sonrisa, como al principio. Se ríe con ganas”, se entusiasma Camila. “La terapia con el humor es fundamental, no sólo con pacientes con problemas cerebrales sino también físicos”, agrega Laura Fisicaro, la psicóloga de Enzo. Quien también se enteró de la historia fue el propio Francella. “Sé lo que provoca la risa y lo que puedo provocar en la gente, porque me lo hacen saber. Pero nunca me habían dicho de algo así, de un caso tan extremo”, le dice el actor a Clarín (ver “Haber aportado...”) y pregunta “cómo está ahora”.

En realidad, ni médicos ni familia se animan a vaticinar hasta dónde podrá llegar la evolución de Enzo. Si podrá volver a hablar o volver a caminar. Se los escucha cautos, pero con esperanzas. Hace poco más de un año, los aturdía el dolor de no saber si iba a poder vivir. Hoy lo ven sonreír. Todos sueñan con un final feliz. Como si fuera una película.

Etiquetas:


.